Un tren destino a...







Laura llevaba: vaqueros de marca, jersey de color negro y una de chaqueta pana beige. Los pendientes de pelas junto su pelo castaño y alisado le daba ese toque pijo y distinguido.

Olga llevaba un chándal de marca de color celeste, su pelo rizado permanecía recogido.
Se sentaron en uno de los vagones, Laura al lado de la ventana de modo que Laura y Olga quedaron sentadas la una frente de la otra en el vagón del tren.
Olga tenía de cara un señor encombarto con sus portafolios. Laura una mujer teñida de rojo cobrizo, entrada en kilos, con las uñas pintada del mismo color que el tinte del pelo.
Olga miró a Laura y supo lo que pensaba.
“Laura nunca acabaría como esa mujer del frente, “todo eso pasa por el amor a los fogones”, a las revistas Hola, Pronto... y ese afán por tenerlo “todo como los chorros del oro” “Ana Rosa Quitana, Teresa Campos contribuirían de forma incondicional a la evolución de las mujeres horteras”.
Olga pisó, uno de los mocasines italianos de Laura era la siete treinta de la mañana la hora fijada por Laura para poder hablar.

-Qué nos tocará en el examen Carpentier o Benedetti
-Preguntó Olga.
-Espero que Carpentier, por qué si tenemos que analizar como René habla con la muerte por teléfono, me da algo
-respondió, Laura.
-¡Un momento quién es René!- exclamó, Olga.
-¡No me digas, que te quedaste empanada con la Isla de famosos!. René igual a un texto de Benedetti ( Llamada a larga distancia) ¿lo pilla? -exclamó Laura, mientras miraba a la mujer de enfrente.
-¿Pero por qué no puede hacer pruebas sobre libros Ken Follett, ó una en la que salgan, Isabel Allende...?. Es lo que lee todo el mundo. ¿Y por qué no el profesor no hace huelga cómo todo el mundo? -preguntó, Olga
El Señor de la corbata lila miró a Olga, recordó que en su mesilla de noche había un libro de Ken Follett.
- No sé, seguramente el profesor estará por la empresa temporal. Mira bonita, con un poco de suerte nos toca Kafka y ésta en tú salsa. ¿Cómo se te ocurre venir en chándal a un examen?-preguntó Laura.
-Perdona Laura, me olvide de sacar “mis armas de mujer” del armario. Laura, ¡y si nos toca algo de Mitología griega sería fabuloso!. ¡Me pido uno cómo Zeus para éste fin de semana!.-exclamó, Olga
-Olga querida, de eso ya no queda-respondió, Laura.
La señora teñida de rojo, pensaba en el curso de informática que estaba haciendo“si conseguía aprender algo de la base de datos, igual dejaba a un lado la fregona, iba una clínica de adelgazamiento, y se podría aquellos moditos de la talla cincuenta. ¿Por qué tubo qué dejar sus estudios de enfermería? Claro qué su marido era una fiera en la cama el sexo compensaba los kilos, la fregona.... Miró aquellas dos chicas qué tenía enfrente de ella y pensó ”mucho libro pero de sexo nada”.
El señor de la corbata lila pensaba en los clientes que tenía qué vez. Observo aquellas dos preciosas criaturas, con la cara limpia de maquillaje, sus uñas recortadas y sin esmalte, el brillo de sus ojos, de sus cabellos....... Miró a la mujer que tenía al lado, y “pidió a Dios que las librará de la lacra del marrujeos”
De pronto sitió un estruendo la cabeza de Laura estaba llena cristales, Olga sangra a borbotones por un brazo, la señora teñida de rojo tenía la cara cubierta de sangre y el señor de la corbata lila tenía varias heridas. Mientras los estadillos no cesaban.
-¡Laura! ¡Laura!-gritó Olga, una y otra vez pero Laura no respondía

-La señora de rojo intentaba reanimar a Laura.
-No la toques está muerta!-gritó la señora del pelo teñido de rojo.
El señor encombartado cogió a Olga he hizo una señal a la mujer del pelo teñido rojo y lo tren salieron de vagón.
En la actualidad Olga, el señor de la corbata lila y la mujer de pelo rojo reúnen cada quince días.

En la tumba de Laura hay una inscripción una de sus frases favoritas.
“Nada es perfecto nada dura para siempre excepto en nuestro recuerdo”.

Julia Muñoz.








Un con tren destino a...?

Laura llevaba: vaqueros de marca, jersey de color negro y una de chaqueta pana beige. Los pendientes de pelas junto su pelo castaño y alisado le daba ese toque pijo y distinguido.

Olga llevaba un chándal de marca de color celeste, su pelo rizado permanecía recogido.
Se sentaron en uno de los vagones, Laura al lado de la ventana de modo que Laura y Olga quedaron sentadas la una frente de la otra en el vagón del tren.
Olga tenía de cara un señor encombarto con sus portafolios. Laura una mujer teñida de rojo cobrizo, entrada en kilos, con las uñas pintada del mismo color que el tinte del pelo.
Olga miró a Laura y supo lo que pensaba.
“Laura nunca acabaría como esa mujer del frente, “todo eso pasa por el amor a los fogones”, a las revistas Hola, Pronto... y ese afán por tenerlo “todo como los chorros del oro” “Ana Rosa Quitana, Teresa Campos contribuirían de forma incondicional a la evolución de las mujeres horteras”.
Olga pisó, uno de los mocasines italianos de Laura era la siete treinta de la mañana la hora fijada por Laura para poder hablar.

-Qué nos tocará en el examen Carpentier o Benedetti
-Preguntó Olga.
-Espero que Carpentier, por qué si tenemos que analizar como René habla con la muerte por teléfono, me da algo
-respondió, Laura.
-¡Un momento quién es René!- exclamó, Olga.
-¡No me digas, que te quedaste empanada con la Isla de famosos!. René igual a un texto de Benedetti ( Llamada a larga distancia) ¿lo pilla? -exclamó Laura, mientras miraba a la mujer de enfrente.
-¿Pero por qué no puede hacer pruebas sobre libros Ken Follett, ó una en la que salgan, Isabel Allende...?. Es lo que lee todo el mundo. ¿Y por qué no el profesor no hace huelga cómo todo el mundo? -preguntó, Olga
El Señor de la corbata lila miró a Olga, recordó que en su mesilla de noche había un libro de Ken Follett.
- No sé, seguramente el profesor estará por la empresa temporal. Mira bonita, con un poco de suerte nos toca Kafka y ésta en tú salsa. ¿Cómo se te ocurre venir en chándal a un examen?-preguntó Laura.
-Perdona Laura, me olvide de sacar “mis armas de mujer” del armario. Laura, ¡y si nos toca algo de Mitología griega sería fabuloso!. ¡Me pido uno cómo Zeus para éste fin de semana!.-exclamó, Olga
-Olga querida, de eso ya no queda-respondió, Laura.
La señora teñida de rojo, pensaba en el curso de informática que estaba haciendo“si conseguía aprender algo de la base de datos, igual dejaba a un lado la fregona, iba una clínica de adelgazamiento, y se podría aquellos moditos de la talla cincuenta. ¿Por qué tubo qué dejar sus estudios de enfermería? Claro qué su marido era una fiera en la cama el sexo compensaba los kilos, la fregona.... Miró aquellas dos chicas qué tenía enfrente de ella y pensó ”mucho libro pero de sexo nada”.
El señor de la corbata lila pensaba en los clientes que tenía qué vez. Observo aquellas dos preciosas criaturas, con la cara limpia de maquillaje, sus uñas recortadas y sin esmalte, el brillo de sus ojos, de sus cabellos....... Miró a la mujer que tenía al lado, y “pidió a Dios que las librará de la lacra del marrujeos”
De pronto sitió un estruendo la cabeza de Laura estaba llena cristales, Olga sangra a borbotones por un brazo, la señora teñida de rojo tenía la cara cubierta de sangre y el señor de la corbata lila tenía varias heridas. Mientras los estadillos no cesaban.
-¡Laura! ¡Laura!-gritó Olga, una y otra vez pero Laura no respondía

-La señora de rojo intentaba reanimar a Laura.
-No la toques está muerta!-gritó la señora del pelo teñido de rojo.
El señor encombartado cogió a Olga he hizo una señal a la mujer del pelo teñido rojo y lo tren salieron de vagón.
En la actualidad Olga, el señor de la corbata lila y la mujer de pelo rojo reúnen cada quince días.

En la tumba de Laura hay una inscripción una de sus frases favoritas.
“Nada es perfecto nada dura para siempre excepto en nuestro recuerdo”.

Julia Muñoz.

Me encanta ser mujer

Se cumple cien años, desde que en 1910 murieran en una fabrica textil de Nueva York La gran manzana, puso fin a la huelga de hambre de 146 mujeres convocada por la desigualad de salarios frente a los hombres. Con una mecha, provocado el incendio de Cotton Textile Factory en la ciudad Nueva York, para obligarlas a abandonar el encierro y la huelga que realizaban para mejorar sus bajos salarios.
Estos hechos ocurriendo en 1908 reclamaciones hechas cenizas. Hasta el años 1989. ¡Eureka!. Se proclamó en memoria de estas 146 mujeres el día de la mujer trabajadoras el 8 de marzo.
“Sin 20 años no son nada”, ¡100!. Total solo murieron 146 “Mujercitas.” En un medio de comunicación, he oído que no se mezcle el día de la mujer trabajadora con el maltrato a la mujer. 146 mujeres mueren a la “parilla” por un incendio provocado obligadas a salir de una fabrica
¿ Ó salen o se convierte en cenizas? ¡ Eso no es maltrato que es un “susidio colectivo”!
Dice que los tiempos han cambiado que las mujeres se han incorporado al mercado laboral. Personalmente, creo que las mujeres a trabajado siempre en casa y fuera, como lo hicieron mis bisabuelas y abuelas, mi madre, y sus hijas entre la que me incluyó. Aunque, escribí no sea un trabajo muy “productivo” con la escritura tengo “libertad de opinión”, esa base con la que argumentar que obtuve través de mis estudios. Se puede compagina, “perfectamente” el estudio con el cuidado a tus hermanos, abuela, las tareas de las casas, los sobrinos...
Para no quedarte, anclada entre el suavizante “mimosi” y las múltiples lavadoras puestas y por poner.
Todo es compatible, con ése ir y venir de autobuses, comunicarte con la gente sin mirar su ideología, color, sexo discapacidad ó raza.
Aunque, siempre en cualquier época ya sea de oro, planta, bronce ó en pleno siglo XXI siempre existirá ése dedo índice, partido, sin uña que te señale y te diga- tú no puede.
El orgullo, me impide quédame quieta no enfrenarme a folio en blanco para hacer honores en éste su día de las mujeres trabajadoras.
Porque tan sólo ejerciendo el trabajo aprendido me siento libre le pese a quien le pese, “ Evito la bofetada” Para sentirme realizada.

Mano que se plasma en mi cara.
Niña mala
Escozor en mi mejilla.
Niña mala
Pendiente en el suelo.
Niña mala.
“Amigos” de redes sociales “amores” que arañan mi cartera.
Niña mala
No lo cuente, no lo escriba, no salga.
Niña Mala


A mi hermano Antonio que se dedico a lo que él quería como yo, a todas esas mujeres que me ayudaron a realizar mi “sueño”, a mis hermanas que sólo vieron en mí a la niñera de sus hijos y a M.G. por guárdame el secreto del relato titulado( Tres amiga)
Julia Muñoz Haba

3/03/2010

Me encanta ser mujer


Me encanta ser mujer
Se cumple cien años, desde que en 1910 murieran en una fabrica textil de Nueva York La gran manzana, puso fin a la huelga de hambre de 146 mujeres convocada por la desigualad de salarios frente a los hombres. Con una mecha, provocado el incendio de Cotton Textile Factory en la ciudad Nueva York, para obligarlas a abandonar el encierro y la huelga que realizaban para mejorar sus bajos salarios.
Estos hechos ocurriendo en 1908 reclamaciones hechas cenizas. Hasta el años 1989. ¡Eureka!. Se proclamó en memoria de estas 146 mujeres el día de la mujer trabajadoras el 8 de marzo.
“Sin 20 años no son nada”, ¡100!. Total solo murieron 146 “Mujercitas.” En un medio de comunicación, he oído que no se mezcle el día de la mujer trabajadora con el maltrato a la mujer. 146 mujeres mueren a la “parilla” por un incendio provocado obligadas a salir de una fabrica
¿ Ó salen o se convierte en cenizas? ¡ Eso no es maltrato que es un “susidio colectivo”!
Dice que los tiempos han cambiado que las mujeres se han incorporado al mercado laboral. Personalmente, creo que las mujeres a trabajado siempre en casa y fuera, como lo hicieron mis bisabuelas y abuelas, mi madre, y sus hijas entre la que me incluyó. Aunque, escribí no sea un trabajo muy “productivo” con la escritura tengo “libertad de opinión”, esa base con la que argumentar que obtuve través de mis estudios. Se puede compagina, “perfectamente” el estudio con el cuidado a tus hermanos, abuela, las tareas de las casas, los sobrinos...
Para no quedarte, anclada entre el suavizante “mimosi” y las múltiples lavadoras puestas y por poner.
Todo es compatible, con ése ir y venir de autobuses, comunicarte con la gente sin mirar su ideología, color, sexo discapacidad ó raza.
Aunque, siempre en cualquier época ya sea de oro, planta, bronce ó en pleno siglo XXI siempre existirá ése dedo índice, partido, sin uña que te señale y te diga- tú no puede.
El orgullo, me impide quédame quieta no enfrenarme a folio en blanco para hacer honores en éste su día de las mujeres trabajadoras.
Porque tan sólo ejerciendo el trabajo aprendido me siento libre le pese a quien le pese, “ Evito la bofetada” Para sentirme realizada.

Mano que se plasma en mi cara.
Niña mala
Escozor en mi mejilla.
Niña mala
Pendiente en el suelo.
Niña mala.
“Amigos” de redes sociales “amores” que arañan mi cartera.
Niña mala
No lo cuente, no lo escriba, no salga.
Niña Mala


A mi hermano Antonio que se dedico a lo que él quería como yo, a todas esas mujeres que me ayudaron a realizar mi “sueño”, a mis hermanas que sólo vieron en mí a la niñera de sus hijos y a M.G. por guárdame el secreto del relato titulado( Tres amiga)
Julia Muñoz Haba

3/03/2010





Uno de los días más felices de mi vida




Uno de los días más felices de mi vida fue una tarde lluviosa de un sábado que, se fue en un suspiro y su recuerdo me embriagaba durante toda la semana. Una llamada inesperada que transmite todos los “te quieros” habidos y por haber.
Unos de los días más felices de mi vida va sujeto a un beso, a una camisa lila,
a un ¡qué guapa estás!, a una mirada oscura, a un pelo brevemente cubierto de una hileras blancas.
Uno de los días más felices de mi vida está marcado en el calendario de mi mente en la se plasman, imágenes vividas que a veces me hace un guiño y dibujan en mi boca la más tonta de las sonrisas.
Uno de los días más felices de mi vida está unido al número de la matrícula de su vehículo, a las nueve cifras de su teléfono, al nombre de la calle donde se produjo nuestro primer encuentro.
Uno de los días más felices de mi vida hoy, es tan solo un recuerdo que el destino envidioso quiso quitarme sin lógralo del todo pues el recuerdo de ése día permanece enganchado en mis pensamientos.
Uno de los días más felices de mi vida fue el día de San Jordi del pasado año cuando San Jordi, se disfrazó de “motorista” y quiso arrancarme la espina que tanto daño producía en mi corazón. Sin que le doliera a él pero, en su afán de no querer dejar ni rastro de mi herida. La llaga se desgarró haciéndose todavía más grande la herida, se esparció tanto que al “motorista” disfrazado de San Jordi se le contagió mi dolor era tanto su sufrimiento, que lo cubrió de una indiferencia absurda para alejase de mí.
Uno de los días más felices de mi vida fue aquel en el que conocí al ser que me dio la vida, abrazarla, quererla, sentirla, reír y llorar como solo se hace con una madre. Gracias a mi madre mi vida está inundada de días felices, días,
en los que ella no quiso dejarme sola y compartí y comparto esos días con mis cuatro hermanos para que así los días no sólo sean bonitos, o felices, sino “maravillosos”.



Julia Muñoz Haba

Uno de los días más felices de mi vida










Uno de los días más felices de mi vida fue una tarde lluviosa de un sábado que, se fue en un suspiro y su recuerdo me embriagaba durante toda la semana. Una llamada inesperada que transmite todos los “te quieros” habidos y por haber.
Unos de los días más felices de mi vida va sujeto a un beso, a una camisa lila,
a un ¡qué guapa estás!, a una mirada oscura, a un pelo brevemente cubierto de una hileras blancas.
Uno de los días más felices de mi vida está marcado en el calendario de mi mente en la se plasman, imágenes vividas que a veces me hace un guiño y dibujan en mi boca la más tonta de las sonrisas.
Uno de los días más felices de mi vida está unido al número de la matrícula de su vehículo, a las nueve cifras de su teléfono, al nombre de la calle donde se produjo nuestro primer encuentro.
Uno de los días más felices de mi vida hoy, es tan solo un recuerdo que el destino envidioso quiso quitarme sin lógralo del todo pues el recuerdo de ése día permanece enganchado en mis pensamientos.
Uno de los días más felices de mi vida fue el día de San Jordi del pasado año cuando San Jordi, se disfrazó de “motorista” y quiso arrancarme la espina que tanto daño producía en mi corazón. Sin que le doliera a él pero, en su afán de no querer dejar ni rastro de mi herida. La llaga se desgarró haciéndose todavía más grande la herida, se esparció tanto que al “motorista” disfrazado de San Jordi se le contagió mi dolor era tanto su sufrimiento, que lo cubrió de una indiferencia absurda para alejase de mí.
Uno de los días más felices de mi vida fue aquel en el que conocí al ser que me dio la vida, abrazarla, quererla, sentirla, reír y llorar como solo se hace con una madre. Gracias a mi madre mi vida está inundada de días felices, días, en los que ella no quiso dejarme sola y compartí y comparto esos días con mis cuatro hermanos para que así los días no sólo sean bonitos, o felices, sino “maravillosos”.
Julia Muñoz Haba




















-2




La palabra que Dios no me negó

Creo recordar que, desde que tengo uso de razón, comprendí que tenía que encontrar la manera de comunicarme con los demás. Yo pienso que todos somos iguales, que ningún tipo de minusvalía debe marca diferencia entre un sector como nuestro. Pero no es así, cuando una persona que lleva muletas, o va en silla de ruedas o simplemente camina con más dificultad de lo normal, en el momento en que toma asiento deja sus bastones y la silla de ruedas queda aparcada en el lugar indicado. Estos seres se transforman al adquirid ese don divino como es la palabra, son muchos los que se olvida de sus limitaciones. He visto cantidad de veces ese cambio tan trascendental, hay personas a las cuales se le infla el pecho como el airbag de un coche.
Es curioso cómo cambian las cosas cuando tienes un tipo de disminución que te impide expresar verbalmente tus sentimientos. Te sientes odiosamente solo, tan desprotegido que te tambaleas y tan solo deseas que la persona que tienes al lado no te pregunté nada. Qué terriblemente injusto los que no podemos articular palabra alguna o nos cuesta el poder hablar. No tenemos derecho alguno a olvidarnos de nuestra enfermedad, aunque solo sea por un par de horas.
La mayoría de la gente piensan que somos idiotas, otros simplemente te ignoran. Si he de ser sincera, no sé que duele más.
Hay una etapa en la que el silencio es tú mejor amigo. Te dejas envolver en él como un papel de celofán por el cual puedes ver y oír como se expresan los demás. Los demás, siempre los demás…

Hubiera dado cualquier cosa por poder preguntar la hora a ese especie de príncipe multicolor. Y así quizás poder entablar una posible amistad.
Un día no sé por qué, comencé a escribir: las sílabas se convirtieron en palabras, las palabras en frases, las frases en ideas y las ideas en historias.
Hoy mis manos temblorosas se pasean por el teclado del ordenador, al igual que antes lo hicieron por una máquina portátil y, posteriormente, en una eléctrica.
Mañana iré a clase de literatura, para que la profesora me haga las correcciones oportunas. Pasado me tendré que “pelear” con el editor para que me publiqué éste u otro escrito. Seguiré leyendo de madrugada para poder escribir de qué trata éste o aquel libro. Consultaré una y mil veces el diccionario ante la más mínima duda
Escribir forma parte de mi vida. Por este motivo he plasmado en el papel de viva voz lo que no puedo expresar con palabras, y al hacerlo es como si yo también descansara un momento o lo que es mejor encuentro donde apoyarme y hago trizas mi enmudecimiento.
Sé que cuando algunos lean éste escrito se reirán. Otros me exigieran que le escriba algo parecido cada trimestre, eso no es posible porque mi mundo no gira en torno a mi discapacidad. Tengo la mala costumbre de dejar que sea el corazón y no la sensatez quien me dicte lo que escribo.
Aunque puede que quizás alguien en algún lugar, una vez que haya leído este texto coja un lápiz o un bolígrafo y rompa su silencio.
Para mí escribir es la palabra que Dios me regaló para compensarme de un silencio que yo no le pedí

Julia Muñoz Haba





Uno de los días más felices de mi vida

Uno de los días más felices de mi vida fue una tarde lluviosa de un sábado que, se fue en un suspiro y su recuerdo me embriagaba durante toda la semana. Una llamada inesperada que transmite todos los “te quieros” habidos y por haber.
Unos de los días más felices de mi vida va sujeto a un beso, a una camisa lila,
a un ¡qué guapa estás!, a una mirada oscura, a un pelo brevemente cubierto de una hileras blancas.
Uno de los días más felices de mi vida está marcado en el calendario de mi mente en la se plasman, imágenes vividas que a veces me hace un guiño y dibujan en mi boca la más tonta de las sonrisas.
Uno de los días más felices de mi vida está unido al número de la matrícula de su vehículo, a las nueve cifras de su teléfono, al nombre de la calle donde se produjo nuestro primer encuentro.
Uno de los días más felices de mi vida hoy, es tan solo un recuerdo que el destino envidioso quiso quitarme sin lógralo del todo pues el recuerdo de ése día permanece enganchado en mis pensamientos.
Uno de los días más felices de mi vida fue el día de San Jordi del pasado año cuando San Jordi, se disfrazó de “motorista” y quiso arrancarme la espina que tanto daño producía en mi corazón. Sin que le doliera a él pero, en su afán de no querer dejar ni rastro de mi herida. La llaga se desgarró haciéndose todavía más grande la herida, se esparció tanto que al “motorista” disfrazado de San Jordi se le contagió mi dolor era tanto su sufrimiento, que lo cubrió de una indiferencia absurda para alejase de mí.
Uno de los días más felices de mi vida fue aquel en el que conocí al ser que me dio la vida, abrazarla, quererla, sentirla, reír y llorar como solo se hace con una madre. Gracias a mi madre mi vida está inundada de días felices, días,
en los que ella no quiso dejarme sola y compartí y comparto esos días con mis cuatro hermanos para que así los días no sólo sean bonitos, o felices, sino “maravillosos”.
Julia Muñoz Haba

Una capital de comarca


Soy una capital comarcal situada al nordeste, estoy bañada por el mar Mediterráneo. Una de las zonas más bonitas que tengo es mi Paseo Marítimo y el puerto, donde atracan las embarcaciones de la gente "guapa". Mi playa es el lugar de encuentro entre las personas de diversas nacionalidades y también un sitio ideal en verano para las personas que residen aquí y no tienen oportunidad de salir fuera.En invierno no soy demasiado fría, pero si húmeda, gris y triste. Esta estación es muy larga y cada vez se acentúa más. El sol siempre anda regateando.Como en todas las capitales yo no puedo ser menos y por ello tengo una parte más céntrica donde predominan edificios más antiguos, de primeros de siglo. Mi economía gira en torno a la industria textil.[1]La falta de mano de obra en los años cincuenta hizo que vinieran hasta mí muchos inmigrantes y fue así como nacieron los diferentes barrios. Uno de los más poblados es Cerdanyola.En los ochenta la "crisis" me dio un golpe bajo. Muchos trabajadores se convirtieron en empresarios. La cultura del pelotazo y la economía sumergida me hicieron protagonista de algún que otro informativo.Soy una capital en continuos cambios. Siempre me están poniendo "guapa" Poseo una Universidad Politécnica, varias escuelas para adultos, tres bibliotecas. Una de mis nuevas zonas urbanizadas ha sido La Vía Europa. El parque Central se ha ampliado siendo transformado con una mayor amplitud, done niños y grandes pasean a sus anchas. Algunas de mis aceras se han ampliado y las rampas ya son muy habituales en calles y plazas..... Comienzo un nuevo me siento rejuvenecer. Por mis calles caminan gentes de todas las nacionalidades y culturas, haciendo de mí un arco iris multicolor. Me siento muy orgullosa de mis habitantes, entre ellos la convivencia es ejemplar. La crisis me golpea de nuevo en pleno siglo XXI, la burbuja inmobiliaria junto a la codicia de contutores, ayuntamientos, factores externos, países del Este, créditos “fáciles”. Han hecho que el textil, mi mayor fuente de ingresos, se lleve el mayor varapalo de los últimos años. Con ello un índice de paro entre el sector femenino. Ya no estoy tan guapa como antes no me retocan como antes, mis pasos de cebra se ven borroso, las paredes están llenas de pintadas y me estampan con carteles de se vende o se alquila. Ahora mis habitantes y yo vivimos un compás de espera, pero saldremos adelante. La gente que se mueve por mis calles es muy trabajadora y creativa. A mi madre porque sé lo mucho que gusta éste escrito
Julia Muñoz Haba

Luis:








Recuerdo que nos conocimos por el messenger un lunes once de enero. No puedo por menos que sonreír con el recuerdo de ese número. ¡No fue el diez, tuvo que ser el once! ¡Cómo si fuese un símbolo! Del cupón que nos ofrece, el boleto de los viernes, con sus miles de euros.
Tuve suerte de conocerte, de poder tener contigo discusiones sobre el euro. “El poder del mismo” en el horizonte europeo, en su competición con Oriente Medio. Te expliqué un texto de un libro de Benedetti, sobre un mito griego de nombre Eco, que fue el único que existió en los Olimpos mitológicos que no conquistó Zeus.
Te conté de Eco. Fue espejismo hecho mujer de los sueños del Dios mitológico Zeus. Eco, uno de los mitos que Zeus no pudo poseer por los celos de su cónyuge. Eco sufrió el destierro por orden del consorte de Zeus, tuvo que vivir en los bosques. Dicen que en los bosques se pueden oír los gritos de Eco por sus múltiples ecos.
Te expliqué éste, y otros muchos cuentos, queriendo verlos contigo en el cine. Los dos vestidos con motivo simbólico de festejo. Tú de gris y yo con un vestido de color celeste como tus ojos, hombretón. Después el paseo nocturno entre luces de neón, el cruce de tus ojos con los míos de color miel se mezcló. Nos sentamos a comer, en el Rincón del sol. El sitio escogido por los dos. Un cielo cubierto de nubes de color rojo. Nuestros ojos vieron un horizonte juguetón. Tuvimos unos minutos de prólogo con un sorbito de vino tinto. El chef nos sirvió fideos, con pimientos verdes, queso de burgos y de postre melocotones rojizos como tus mofletes.
El messenger fue el escondite “perfecto” de nuestros “supuestos encuentros”
-¿ Dónde quieres ir Rocío?- yo siempre te respondí del mismo modo
- donde usted me lleve, si es posible, donde el viento toque nuestros rostros.
El encuentro no ficticio se produjo un mes de octubre en un pequeño despacho; en el círculo del reloj pude ver el diecisiete en punto. Viniste como los toreros en el ruedo. Vestido de color gris, como en mis sueños. Tu perfume inmundo en el ridículo despacho. Concebí tu voz con “fluidez”. Mi timidez se escondió, sentí como si fueses de mi entorno desde siempre.
Me despedí de ti; estreché mis cinco dedos con tus otros cinco y te vi de lejos introducirte en tu coche, un BMV rojo.
El messenger se te hizo pequeño, tus ruegos sobre cuestiones de “sexo” se hicieron frecuentes.
El destino hizo que, ese “ser” de nombre "muerte”, surgió “de pronto” y se llevó a un ser muy querido para mí.

El messenger se hizo invisible; los cerré por unos meses e intuí los besos, flores, iconos del messenger, “obsequios” de tu dedo índice con clic del ratón.
El destino se desvió; otro individuo presente entre los dos. Nos convertimos en un trío. Te despediste de mí el mes de los libros, en el territorio de los Condes, en el que tuvieron un hijo hoy convertido en rey. Un vientre, de un mes de Festejo, el de los Jordis.
Luis, “mi príncipe gris”. En el presente, consorte de un ser que estuvo presente en mis juegos de niñez, cómplice de secretos de mi juventud. Fuimos el dúo perfecto. Estuve con tu cónyuge en su consorcio con su primer consorte, intervine con ese ser cercano y fui testigo del crecimiento de tus hijos; lloré, reí, con ese ser y su ex.
Todo eso terminó, con sólo un clic de ratón de un nick de mote “el pollo”.
-¿ Tu nombre es Rocío?.
-Sí, ¿y el tuyo pollo?.
-Jejeje. Mi nombre es Luis.
Luis, un hombre con su miembro derecho inmóvil se comunicó conmigo. Lo nuestro duró ocho meses, el tiempo que duro tú lesión. Tu cerebro obedeció de nuevo tus órdenes. Tu pie volvió por el sendero de los pasos correctos.
¡Y por fin te convertiste en el cónyuge de un ser de mi medio!
Sé que no fuiste tú el que me visitó, fue tu doble. Siempre existen dobles en los messengers. Luises... cuyos rostros son múltiples de un cebo. Tú sólo pusiste el cromo de tu rostro en el messenger.
No te tengo rencor; sólo espero que el “eco” de tu mente te recuerde el dolor producido en “mí”.
Suerte Rocío

JuliA Muñoz Haba ( Texto sin la vocal A)

Lucero


Recuerdo con nitidez el momento en que nuestro destino coincidió en el tiempo... En ese primer encuentro flipé con tus preciosos ojos, el derecho, color desierto y el izquierdo color cielo; curioso fenómeno. Tu hocico cubierto de finos colmillos y ese pelo, en el que mi dedo corazón, dibujó miles de te quieros.
Se emocionó el iris de mis ojos visiono múltiples contusiones en tu cuerpo. Ese precioso vestido tuyo, sucio del líquido rojo. ¿ Cómo te lo hiciste? ¿ Quién te lo hizo?.
Fueron momentos de confusión, inquietud, preocupación, desvelo y nerviosismo. Por suerte, todo se quedó en un susto y en ningún momento corriste peligro. Eso fue lo que me comunicó él médico que te exploró.
En breve tiempo, te vi correr y descubrí en tí un bello perro del género femenino fiel conmigo. Mi niñez fue muy feliz contigo.
Con el tiempo crecimos juntos. En todos los sentidos nos hicimos cómplices el uno con el otro.
El mismo destino que nos unió. nos separó con tu muerte. Quiero decirte con este texto que te echo de menos. Soy conciente que el roce de mi pecho no puede volver a sentir el tuyo sobre el mío.
Deseo que encuentres ese cielo donde poder esconderte entre nubes, el sol que te guiñe un ojo y dibuje en tí círculos que cuelguen de tu cuello, destellos que en el oscurecer de mil noches , como en un espejose refleje tu perfil.
No te vere, pero siempre te tendré presente en mi recuerdo.
Lucero, no lo comentes, te diré un secreto “ Los recuerdos bonitos no mueren y el tuyo se hizo dueño de mí en el preciso momento en el que te fuiste.
¡ Uy qué lío! . Se me olvidó poner en este folio que te dedico el primer número que existe, como son cinco los primeros signos con los que definirte en éste texto.

Te deseo lo mejor Lucero, Adiós.

Sergio Calzada
Nota del autor en este ejercicio no se podía escribir la vocal (A)

Un ascensor lunático







Sergio acompañaba a Nuria hasta el ascensor cuando las puertas de éste se abrieron, Sergio se hizo a un lado para que Nuria entrara antes que él, Sergio pulsó el botón al tiempo que se quitaba las gafas para frotarse suavemente los párpados, volvió a ponerse las lentes y miró el reloj que marcaba las cinco de la madrugada.-Lo siento, la cena con los franceses se ha alargado más de lo previsto ¿Cómo se ha portado Ana? -se disculpó Sergio, a la vez que preguntaba.-No importa mañana es sábado. Ana siempre se porta bien, es una niña muy buena -respondió Nuria algo tímida.La mirada de Sergio se posó en Nuria, observando cómo ésta llevaba un vestido largo tejano que se aferraba a su cuerpo marcando todas y cada una de las formas de su talle. También vio que llevaba en sus manos un libro, del cual no pudo leer el título pero si el autor: Eduardo Mendicutti.-Seguro, que te ha dado tiempo de terminar el libro -dijo Sergio, un poco por decir algo.-Casi, aunque todavía me quedan un par de capítulos -aclaró Nuria, algo incómoda.-¿De qué trata? -quiso saber Sergio.-De una mujer que está a punto de cumplir los cuarenta… Si le digo la verdad, no me gusta cómo los hombres escriben sobre las mujeres -explicó Nuria, dejando a un lado su timidez.-Es curioso, mi mujer solía decir lo mismo "Las mujeres tenemos los siguientes argumentos para escribir sobre el género masculino: el haberlos parido, el educarlos, el malcriarlos y soportarlos. Tan sólo nos falta tiempo para formarnos” -explicó Sergio, con la mirada perdida. La esposa de Sergio hacía dos años que había muerto. De origen francés, había heredado de sus padres una renta anual que le permitió vivir de un modo desahogado. La larga enfermedad que sufrió se llevó buena parte de sus bienes. Lo que qued tras su fallecimiento pasaría a manos de Ana la hija de ambos cuando ésta tuviera la mayoría de edad.Sergio, por su parte, poseía varías empresas, relacionadas con las artes gráficas.El ascensor se paró y ante ellos apareció un escenario oscuro. Ambos sintieron una dulce sensación. Como si estuvieran flotando se miraron algo desconcertados.-¿Tienes idea de lo que está pasado aquí? -preguntó Sergio.-Pues, la verdad, es que no entiendo nada -respondió Nuria.-Creo que será mejor que salgamos -dijo Sergio, al tiempo que le ofrecía la mano.-¡Cuidado, Nuria, con esa especie de cráteres.-advirtió Sergio.-¿Has dicho cráteres? -preguntó Nuria.-No, Nuria no estamos en la luna ¡Esta claro! Exclamó Sergio.A unos metros se podía ver como un hombre, enfundado en un mono blanco, se dirigía hacia ellos. -¡Oh! ¡Bienvenidos a la luna! Hace meses que les esperamos. Desde que perdimos la parte trasera de la nave “Olivia 14” vamos de culo -explicó el astronauta, con acento inglés.-¿No me diga qué estamos en la luna? -preguntó Nuria, de forma irónica.-Sí, señorita ¡Oh señorita! Señorita, igual a mujer. Mujer, igual a sexo -balbuceó el astronauta.-Tranquilo, “hombre lobo” No vale la pena, es virgen -quiso calmarlo Sergio.-¡Virgen!, ¡Dios mío, has escuchado mis súplicas! Ni mi mujer era virgen cuando nos casamos -volvió a balbucear, el astronauta.-Mira, entre tú, y yo. Tú ya sabes el trabajo que da una mujer sin experiencia -quiso convencerlo, Sergio.-¿Acaso es tu mujer? -preguntó el astronauta. -No es la canguro de mi hija, imagínate se pasa la vida contando cuentos sobre la luna… -dijo Sergio, con un toque de desprecio.-Y qué, yo me paso la vida entre ratones. Además, si quieres la podemos compartir -mostró su generosidad el astronauta.Sergio miró a Nuria, los dos volvieron sus miradas hacia el ascensor. Y se encaminaron a paso ligero hacia el mismo, Sergio pulsó el cero y aparato inició su descenso.Una vez en el portal, Sergio acompañó a Nuria hasta el taxi que esperaba en la puerta.-Por cierto ¿Cómo se titula el libro? -preguntó Sergio.-“Yo no tengo la culpa de ser una mujer tan sexy” -contestó Nuria.Ambos comenzaron a reír. Mientras la luna iluminaba sus rostros.*A Claudia Torres, a Care Santos, que me hizo repetir un año de literatura por no querer escribir sobre “sexo”y de modo especial a mi hermano Antonio por ser su escrito favorito.*